El Niño y los retos de la transmisión eléctrica en Guatemala

El calor modifica la forma en que usamos la electricidad. En hogares, comercios y lugares de trabajo puede aumentar la necesidad de ventilación, refrigeración y aire acondicionado. Cuando estas condiciones coinciden con períodos de menor lluvia, el sistema eléctrico enfrenta dos exigencias: atender el consumo y adaptarse a cambios en la disponibilidad de agua para generar energía.

Para Guatemala, comprender esa relación permite anticipar necesidades y fortalecer la infraestructura. El fenómeno de El Niño pone sobre la mesa la importancia de contar con una red capaz de transportar electricidad bajo distintas condiciones. En ese esfuerzo, TRECSA contribuye mediante el desarrollo, la operación y el mantenimiento de infraestructura de transmisión que forma parte del Sistema Nacional Interconectado.

El calor puede elevar la demanda eléctrica

Un análisis del Ministerio de Energía y Minas sobre 48 días con eventos climáticos de 2025 y 2026 encontró una demanda diaria promedio de 41.116 MWh durante olas de calor, frente a 37.809 MWh durante frentes fríos. La diferencia fue de 8,75 % en la muestra estudiada.

La comparación ayuda a entender cómo cambian las necesidades del sistema según las condiciones del tiempo. Ese porcentaje corresponde a los días analizados; no representa un aumento fijo para cada ola de calor. Su valor está en mostrar por qué la temperatura debe ser considerada al planificar el suministro.

A esta variación se suma el crecimiento del consumo nacional. En julio de 2026, el AMM registró una demanda máxima de 2.354,12 MW, un 11,76 % superior a julio de 2025. La actividad económica, los nuevos usuarios y sus hábitos también influyen, por lo que ese incremento no puede atribuirse exclusivamente a El Niño.

Menos lluvia cambia las condiciones de generación

La disponibilidad de agua influye en la producción hidroeléctrica. Cuando disminuyen las lluvias y los caudales, puede reducirse el aporte de estas centrales y ser necesario recurrir a otras fuentes para atender la demanda. La Agencia Internacional de Energía identifica esa dependencia del recurso hídrico entre los desafíos del sector en América Latina.

Para el sistema eléctrico, estas variaciones hacen necesario considerar varios aspectos:

  • Cuánta energía pueden aportar las centrales hidroeléctricas con el agua disponible.
  • Qué otras fuentes de generación pueden contribuir a atender el consumo.
  • Desde qué puntos de la red debe transportarse esa electricidad.
  • Qué capacidad tienen las líneas y subestaciones para recibir esos flujos.
  • Cómo responder ante una falla o un mantenimiento sin concentrar la carga en una sola ruta.

La transmisión permite movilizar la energía disponible entre los puntos de generación y consumo. Su aporte consiste en facilitar ese transporte, dentro de la capacidad de la red y en coordinación con los demás participantes del sistema.

Preparar la infraestructura para responder a los cambios

Una red resiliente puede afrontar dificultades y recuperar su operación. Para ello son importantes el mantenimiento, la supervisión de los equipos y la planificación de rutas alternativas. Estas tareas ayudan a detectar problemas y conservar capacidad de respuesta cuando cambian el consumo o las condiciones de generación.

TRECSA participa en ese trabajo mediante la infraestructura del PET-01-2009 y sus servicios de operación y mantenimiento. Su función dentro del sistema contribuye a conectar distintas fuentes de energía con las regiones que la requieren, una capacidad especialmente relevante frente a escenarios climáticos variables.

La planificación nacional también contempla el largo plazo. El PET 2026-2050 prevé 5.687 kilómetros de nuevas líneas y 172 subestaciones para acompañar las necesidades del país. Desarrollar esa infraestructura requiere anticipación, porque los proyectos atraviesan etapas de diseño, gestión territorial, permisos y construcción.

Prepararse frente a El Niño implica comprender cómo cambia el sistema y actuar sobre sus necesidades. Para TRECSA, el transporte eléctrico forma parte de esa respuesta: una infraestructura bien gestionada contribuye a que la energía disponible pueda llegar a los lugares donde sostiene servicios, empleos y actividades cotidianas.